Los Siervos de la Gleba

Nos conocimos con Guillermo el año 1989, en tercer año de universidad, trabajando en el laboratorio de Foto. A mi lado, lo escuché tararear algo de Fito o Spinetta, no recuerdo bien. Yo venía saliendo de un par de intentos fallidos por armar una banda. Siempre topábamos en el vocalista. Nadie quería o podía asumir ese rol, por lo que esa instancia me pareció más que una coincidencia. Un par de cigarros durante la pausa del fijado de copias y ya estábamos pensando que podíamos hacer algo juntos. Guillermo conocía a Camilo, un batero, y a los pocos días nos juntamos por primera vez en su casa, en la calle Martín de Zamora. El lavadero –muy a pesar de la mamá de Camilo- pasó a ser nuestra sala de ensayo. Al poco tiempo se incorporó Paulino en la guitarra, cuya salida resultó tan esperada como desastrosa previo a una presentación en Lo Barnechea. David, otro compañero de facultad,  asumió su función y nos dimos a la tarea de preparar un material propio. El gran problema inicial –a la vez que un desafío- fueron los intereses e influencias de cada uno, que incluían a Deep Purple, The Smiths, el mencionado Spinetta y Los Golpes, entre otros sonidos. Debo reconocer que al contar con una mayor preparación en lo musical corrí con ventaja al momento de componer. Por lo demás, siempre había escrito prosa y no resultaba tan complejo darle forma de canción a algunas ideas. Esto -según me confesó Guillermo años después- me hacía aparecer como el cabrón al interior de la banda. Al poco tiempo surgió otro problema. Ya ensayábamos en el SIPO, en el barrio Brasil, al lado de Nelly Sanders y Lucho Ramírez, entre otros próceres de la música popular. Los Golpes nos cedían su sala y parte de su equipamiento. Seguramente –por razones afectivas y muy personales- el único que alucinaba con eso era yo. En una oportunidad en que faltó Camilo, zapamos con Andrés Segovia, baterista de Los Golpes. Tuve la oportunidad de tocar la clásica guitarra Yamaha de color celeste con la que se habían grabado las canciones que los hicieron famosos en toda Latinoamérica. Aquella vez Camilo, producto de un conflicto personal que lamentablemente con el tiempo se repetiría, nos hizo tambalear.

La última etapa previa a la grabación del primer demo, la vivimos en el Semillero Rock, espacio donde Juan Álvarez -de la banda Panzer- nos acogió. Después de un tiempo de ensayos, decidimos probar qué tal sonábamos en un estudio. Juan nos recomendó Attic Estudio, donde ellos habían grabado. Ahí conocimos a Álvaro Cuadra (guitarrista de Cría Salvaje y hermano del Pera, bajista de Dorso) y al dueño del estudio, Marco Cusato, quien finalmente grabó nuestro primer demo. Después de una conflictiva e inestable permanencia de David, Marco se hizo cargo de la producción y las guitarras tanto en estudio como en las pocas presentaciones que alcanzamos a tener. Marco fue el gran responsable de nuestro sonido final -bastante más cañero- y definitivamente supo conciliar nuestras influencias. Un par de tocatas, unas grabaciones más y la historia se acabaría. Guillermo estaba interesado en musicalizar poesía (hay un ensayo grabado de “Elevación”, de Baudelaire por ahí) y para mí eso resultaba un cambio drástico, sobre todo pensando en que apuntábamos a sonar en la radio. Cualquiera.

Supongo que ahí empezaron nuestras diferencias, pero siempre en buena, nunca en mala. Personalmente empecé a interesarme en el trabajo de estudio y dejé de escribir canciones para componer música incidental pensando en los nuevos escritos que iban saliendo y que más tarde incluiría en mi primer libro. De la guitarra y el bajo pasé al teclado y el horizonte se amplió enormemente. Guillermo terminaría la universidad y musicalizaría junto a Marco un documental. No recuerdo el momento exacto en que nos separamos. Finalmente los Siervos éramos él y yo. Posteriormente hice un segundo intento, con otra voz, femenina esta vez -Lucía- y la experiencia duró lo que tenía que durar: dos o tres canciones. Mejor compuestas y tocadas, pero sin el espíritu de la formación anterior.

Por algún motivo que no puedo precisar, solía grabar nuestros ensayos. Hay muchos, y permiten apreciar la línea de tiempo de la banda y posiblemente proyectar dónde podríamos haber llegado. Nuestro caballito de batalla -“En buen romance”- fue compuesta en cinco minutos en una noble Tizona. Obedece a una historia real y bastante dramática que la canción en mi opinión no alcanza a reflejar. En lo personal, creo que la segunda versión que grabamos es mucho mejor en todo aspecto. Escuchar cómo sonaba en el lavadero de la casa de Camilo, sólo con bajo y batería constituye una experiencia…valiente, digámoslo.

Finalmente me quedo con lo que aprendimos como banda. Yo aprendí a tocar y a componer siendo un Siervo de la Gleba y con eso me quedo. Y con la amistad de Camilo y Guillermo, con quien siempre conversamos. Debo decir que siempre admiré el prisma por el que Guillermo miraba la vida y la velocidad con la que hasta hoy camina por la misma. Camilo es un niño, siempre lo será. Tiene un alma noble y con eso –creo- basta muchas veces para dejar una huella. David fue siempre un misterio. Alguna vez, después de desaparecer y habiendo grabado nuestro segundo demo con Marco en las guitarras y producción, nos encontramos en la Feria del Disco. De fondo sonaba La Sociedad con un exitazo de la época. Cuando señaló que nosotros habíamos hecho lo mismo pero mucho antes y que podíamos haber llegado lejos, sólo atiné a sonreír. ¿Qué más podía hacer o decir?

El video que ilustra esta nota recoge parte de nuestros momentos como banda. El sonido, tal como se indica, corresponde a un ensayo del año 1991 en el Semillero Rock. La canción es “De poder” y es un trabajo de toda la banda. El texto lo escribí a un año del retorno de la democracia. Un año y ya desconfiaba de quienes se decían demócratas. En fin, cosas que pasan en este país. Creo que “De poder” grafica de buena manera cómo sonábamos y hacia dónde íbamos. Concedo todo el mérito de la interpretación a Guillermo, quien en mi opinión alcanza momentos notables hacia el final de la canción. La versión que ensayamos para ser grabada, incluía una intro citando a “Pictures of home”, de Deep Purple, banda favorita de Camilo. Alcanzamos a grabar las bases, creo. También quedaron pendientes “Lejos de ti” (cuerdas incluidas), “Querida América” y la mencionada “Elevación”, que alcancé a arreglar de un modo diferente dada la estructura que Guillermo le había dado. Quizás algún día. Quizás un acústico. Nunca se sabe.

 

 

2 Comments

  1. Andres Durán

    Aunque no puedo evitar la simpatía por eventos de los que directa indirectamente fui testigo, debo reconocer la consistente madurez y naturalidad que ha alcanzado tu prosa. Lo encuentro muy cercano a la crónica por la precisión y claridad, sin embargo también se deja ver una gran sensibilidad literaria al infundir cierta melancolía en la mirada retrospectiva. Tu relato también vino a aportar importantes fragmentos de una historia que conocía a medias. Gracias por ayudarme a ubicar algunas piezas más del rompecabezas.

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