Comentario disco «Ubiergo en vivo» (1978)

 

Portada_LP

 

Cover_LP

 

Título: Ubiergo en vivo

Sello: RCA

Productores: José Manuel Silva / Domingo Vial

 

Músicos:

Fernando Ubiergo: guitarra acústica / voz

Alejandro Gaete: guitarra eléctrica

Jorge “Toscano” Vidal: bajo eléctrico

Domingo Vial: batería

 Nino García: teclados

 

Grupo invitado: Huentelauquén

 

Formato: Vinilo y Casete

Grabado el 30 de junio de 1978 en el Aula Magna del Liceo Manuel de Salas (Santiago, Chile) por Franz Benko.

 

Canciones:

 

Lado 1

Febrero 8

Retrato

El tiempo del botón

Golondrinas de metal

Un velero en la botella

Antonio, de un mundo mejor

Aquellas pequeñas cosas

 

Lado 2

Dicen que mañana vendrá

El cautivo de Til Til

Camino Latinoamericano

El ascensorista

Cuando agosto era 21

Uno

Pasaré

 

“Si este disco, para ti, tiene algún valor, quiero que sepas que “el verdadero valor” se lo dio la presencia de 900 jóvenes universitarios que con su calor hicieron olvidar las posibilidades técnicas y la frialdad de un buen estudio de grabación”

(Fernando Ubiergo, invierno ’78)

 

Lo arriba señalado -texto incluido en el reverso del disco- se instala como una verdadera toma de posesión -e incluso una suerte de manifiesto- de un cantautor que daba sus primeros pasos en un sendero construido a punta de convicciones lo suficientemente sólidas como para hacer que abandonara incluso la vida universitaria.

“Ubiergo en vivo” -registro que azarosamente se transforma en el primer directo del cantante y que fuera grabado apenas unos meses después de su éxito “Un café para Platón»- muestra de una manera sensible a un constructor de canciones que no requiere mucho más que su guitarra para lograr una comunicación efectiva con su audiencia. Que recién en la cuarta canción aparezca la banda de apoyo lo refrenda. A Fernando Ubiergo por momentos se le nota un poco tímido al hablar, casi temeroso, carraspeando por la emoción y los nervios probablemente, pero siempre -como buen veinteañero- convencido de su mensaje.

El ambiente íntimo y respetuoso que el cantautor logra en un auditorio con 900 personas -una verdadera multitud en momentos que el país vivía bajo medidas restrictivas y represivas brutales- otorga a este registro el carácter de documento histórico, en tanto escribe una página imborrable de la música popular chilena en tiempos de dictadura por diversas razones pero que resumiremos en dos: lo primero es que Fernando Ubiergo presentifica la ausencia física de una figura emblemática de la Nueva Canción Chilena como es Patricio Manns -en el exilio en ese momento- al incluir en su repertorio un imprescindible del cancionero latinoamericano: “El cautivo de Til Til”. Esto, que pareciera ser un detalle, resulta ser un verdadero acto de arrojo y valentía del cantautor y evidentemente también de los estudiantes universitarios -ex compañeros de facultad- que deciden acompañarlo ese invierno del año 78. De igual modo -y ya en otro plano- el disco refleja el sonido de una época donde se produce el ingreso incipiente del sintetizador, instrumento que a partir de la década siguiente adquirirá un rol protagónico en la construcción sonora de cualquier producción discográfica.

El contexto social, político y sin duda personal en el que Fernando Ubiergo desarrolla en ese momento su trabajo compositivo pareciera actuar como agente gatillador de un halo existencial en su obra que no lo abandonará, factor que a la postre lo ubicará en el relato historiográfico como un sujeto bien posicionado al hacerse cargo de problemáticas sociales aún hoy de absoluta vigencia. El arrojo de Ubiergo va bastante más allá de lo esperado al instalar en el escenario la sonoridad latinoamericana -bombo, quena y charango- proscrita por una dictadura militar que campeaba de una manera feroz. Y lo hace con “Camino Latinoamericano”, cuya autoría pertenece al director del conjunto que lo acompaña en esos momentos y también parte del catálogo de RCA, Huentelauquén. Sin embargo, con el transcurso de los minutos el cantautor se relaja y abre los espacios para -incluso desde el humor- presentar la canción “El ascensorista” y otorgar también más protagonismo a la banda que lo acompaña, integrada por connotados músicos del medio nacional con vasta trayectoria como sesionistas. Destaca también el guiño a dos colosos del cancionero hispanoamericano como son Joan Manuel Serrat y Alberto Cortez al interpretar «Aquellas pequeñas cosas».           

No está claro si efectivamente el último track apuntado en el disco -la declamación del poema “Pasaré”- fue lo último de la presentación, pues deja al auditor -en términos sensitivos- en una suerte de arsis eterno propiciado por los compases que alcanzan a escucharse de “Un café para Platón», canción triunfadora en el Festival de la Primavera el año anterior. Esa suerte de suspense, a decir verdad tampoco es algo que moleste, sobre todo mirándolo en perspectiva y considerando su carácter testimonial. Probablemente -como señala el propio compositor- el disco no refleja la totalidad del concierto debido a las condiciones técnicas del registro, muy por debajo de lo requerido para cualquier concierto.

La importancia del relato que instala “Ubiergo en vivo” debe contextualizarse históricamente, pues se realiza en momentos de una apertura económica propiciada por la dictadura, la que tendría como una de sus consecuencias la llegada masiva al mercado nacional del formato casete en lo relacionado con la reproducción, el registro y el consumo de música. Señalemos que ante la debacle de la industria discográfica experimentada tras el golpe militar de 1973, surgirían sellos independientes que aportarían al catálogo nacional y otros tantos como Soneck -imagen que se incluye en esta reseña- aparentemente un sello pirata que -como tantos- simplemente aprovechó la oportunidad de potenciar su catálogo y finanzas con la edición de “Ubiergo en vivo”. Esta instancia es sin duda alguna, una muestra contundente de la popularidad alcanzada por el joven cantautor.

A lo anterior se debe agregar que Fernando Ubiergo, a partir del éxito alcanzado por “Un café para Platón”, se instala como una de las piedras angulares -junto al baladista Zalo Reyes y al cantautor Florcita Motuda (en ese momento Rául Alarcón)- no sólo de la reactivación de la industria discográfica local; también implica el retorno de la “estrella de la canción” o la figura del ídolo, extraviada por razones obvias durante el inicio del nuevo orden político, contribuyendo con ello al resurgimiento de los espectáculos públicos y a la instalación de un “nosotros”, hasta ese momento extraviado y perseguido. 

 

carátula_casete

 

Caratulín del casete “Ubiergo en vivo”, edición pirata contemporánea

al disco oficial y que fuera publicada por el sello Soneck 

Foto: www.mercadolibre.cl (accesado en agosto del 2020)

 

La escucha de “Ubiergo en vivo” -un concierto para sus amigos que devino afortunadamente en un registro y posterior disco- resulta una experiencia necesaria en tanto decodifica una época desde diversas aristas, siendo las más relevantes la política y la social, factores no exentos de la emocionalidad presente en cada surco del disco. Constituye además un ejercicio desde la memoria afectiva, aquella que resulta imprescindible a la hora de avanzar y preguntarse por la Historia que vamos dejando y/o la que pretendemos construir. Eso hace el cantautor cuando incluye el tango “Uno” como un guiño «al gusto del papá de Nino [García] y de mi papá” como él mismo señala previo a su interpretación. “Un café para Platón” -una de sus más insignes composiciones- es de hecho, un tango disfrazado que en esta ocasión logra colarse al final del registro en forma de cortina. 

Que Fernando Ubiergo no requiere mucho más que una guitarra para comunicar lo reafirma el hecho de que después de cuarenta años de prolífica y exitosa carrera, ha devenido en un formato semi-acústico, con un repertorio clásico a estas alturas pero remozado con arreglos que por momentos transforman canciones nacidas en la noble guitarra en pequeños poemas sinfónicos, resignificando de esta manera la página escrita por su autor desde la más absoluta convicción y belleza encontrada en los recovecos de la música popular. 

One Comment

  1. Alejandro Cuevas

    Notable descripción del álbum y del trabajo de ese día luminoso en medio de tanta oscuridad. Ahora hay más ganas de encontrar este disco que alguna vez dejé pasar por cuestiones económicas. Gracias también por traer a Nino García nuevamente al presente. Un abrazo

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